lunes, 30 de junio de 2014

La Perfección del Círculo

Giotto di Bondone fue un importante pintor, escultor y arquitecto de la Florencia de los siglos XIII y XIV, y uno de los primeros precursores del Renacimiento italiano. Cuentan las crónicas que, llegado ya a la treintena y habiéndose extendido su fama por toda la península itálica, recibió la visita de un emisario del Papa Bonifacio VIII pidiéndole muestras de su arte que permitieran comprobar si era digno de trabajar en Roma; Giotto tomó un lienzo blanco, mojó un pincel en pintura roja y, con un único trazo continuo, dibujó a mano alzada delante del mensajero un círculo perfecto, entregándoselo y diciéndole: “Sin duda la valía de este trabajo será reconocida”… En efecto, el Papa lo contrató.
Repasemos brevemente un par de conceptos de geometría: se define un círculo como la superficie de un plano encerrada por una circunferencia, y ésta a su vez es el conjunto de todos los puntos del plano equidistantes a un punto dado llamado centro, siendo esa distancia constante el radio. Es una definición sencilla y elegante para un diseño que aparece (junto con su versión 3-D, la esfera) por todas partes en la Naturaleza y que también es muy frecuente en los objetos fabricados por el Hombre. El círculo como idea tiene un atractivo especial responsable de que muchas veces, cuando salgo a hacer fotos por la ciudad o en mis viajes, busque de manera consciente o inconsciente el encuadre apropiado para que el motivo principal de la imagen sea redondo (u ovalado) y lo más grande posible, hasta el punto de tocar los márgenes. Esta obsesión fotográfica, semejante a la que tengo por las calaveras o a otras que ya iréis conociendo (los lugares abandonados, las esculturas de desnudos de mujer, las cerraduras antiguas…), me llevó a crear una categoría aparte de “Círculos” en mi archivo de imágenes, y para la entrada de hoy os he hecho una selección de las mejores instantáneas de dicha categoría; espero que os gusten. Nos vemos de nuevo la próxima semana para hablar, por cierto, de un número bastante redondo.
 














 

lunes, 23 de junio de 2014

Mal Rollete (Cara B)

Directamente le damos al Play y continuamos con el repaso a mi selección de canciones que producen, de una u otra forma, una sensación de inquietud o de miedo:
United Colors – Passengers: En 1995 Brian Eno y U2 decidieron lanzar al mercado un álbum bastante experimental y arriesgado, de hecho tanto que no utilizaron el nombre del grupo sino el de Passengers. El disco se titula Original Soundtracks 1 y está concebido como una colección de temas pertenecientes a bandas sonoras de películas imaginarias (salvo excepciones como Ghost in the Shell o Par-Delá les Nuages), con directores de nacionalidades muy diversas: Alemania, Italia, Hungría, Sudáfrica, Inglaterra, Estados Unidos… Se supone que éste, el primer tema del álbum, corresponde a la película United Colours of Plutonium, de Tetsuji Kobayashi, en la que con una mezcla de elementos de terror y comedia se nos narra la historia de un ejecutivo de publicidad que se queda dormido en el Tren Bala japonés y es atormentado en sus sueños por los espíritus de todos aquellos a los que ha explotado durante su carrera. Eno y compañía consiguen crear una atmósfera sonora bastante inquietante, con unos estridentes y desagradables ataques del saxofón sobre un fondo de notas más suaves pero a la vez distorsionadas y perturbadoras, como si fueran los susurros de los fantasmas que visitan al protagonista.
 
 
There Is A Light – Nick Cave: Hablando de atmósferas sonoras inquietantes y pesadillescas, aquí tenéis este tema que ya comenté en detalle en una entrada anterior, y que formó parte en su día de la banda sonora (esta vez auténtica) de Batman Forever. No creo que haga falta añadir nada más sobre las sensaciones que me produce el escucharlo (a la citada descripción me remito), pero quiero aprovechar para comentar un par de cosas acerca del papel que juega el miedo en la estupenda trilogía cinematográfica de Christopher Nolan sobre el Caballero Oscuro.
En la primera de las películas se nos muestra cómo, jugando de niño, Bruce Wayne se cae al fondo de un pozo lleno de murciélagos y sufre una experiencia bastante traumática que poco después desencadenará una tragedia: Bruce asiste a una ópera y le asustan los figurantes disfrazados de demonios alados porque le recuerdan al pozo, así que pide a sus padres que regresen a casa; en el callejón a la salida se encuentran con un atracador, hay un forcejeo y de pronto Bruce se encuentra huérfano y solo en la vida. Sin embargo, unos años después se atreverá a enfrentar su propio miedo: me gusta mucho la escena en la que baja por el pozo a la cueva que hay bajo la Mansión Wayne y enciende una pequeña luz, descubriendo que los murciélagos vuelan a su alrededor pero ninguno choca contra él. A partir de ese momento aprenderá que no hay que dejarse dominar por el miedo, tal y como dijimos la semana pasada, y empezará a utilizar ese miedo como arma contra los criminales de Gotham. Uno de los mensajes de la trilogía, en resumen, es que por mal que vayan las cosas no podemos dejar que el terror nos paralice, tenemos que seguir luchando: nos caemos para aprender a levantarnos.
 
 
Use the Man – Megadeth: Una de las cosas que hacen que esta canción suene siniestra es el contraste entre la melodía de la introducción, alegre y despreocupada, y la canción propiamente dicha. La letra en este caso ha ayudado también a clasificar el tema como de mal rollo: tal y como comentábamos con Land of Sunshine en la Cara A, se trata aquí un tema dolorosamente real y por tanto doblemente inquietante, el de las drogas. Por lo visto, el vocalista Dave Mustaine escribía con conocimiento de causa ya que había caído en la adicción a la heroína varias veces, y amigos míos que han oído todos los discos de Megadeth comentan que es muy fácil distinguir si se drogaba en una determinada época por el claro deterioro de su voz en el disco correspondiente. Me parece muy inspirada la idea del estribillo, según el cual es la jeringuilla la que usa al hombre y no al revés.
Murder – Bernard Herrmann: La semana pasada nombramos a Norman Bates, y aquí lo tenéis. Para darle un poco de variedad estilística a la Cara B, un poco de música sinfónica de la banda sonora de Psicosis; en concreto, de la famosa escena de la ducha. La pista de audio que usé para la recopilación incluye los efectos de sonido del chorro de agua, la cortina descorriéndose, las anillas que se rompen y el desagüe. Las puñaladas no se oyen pero las representan perfectamente los violentos glissandos, como si los arcos de los violines imitasen el movimiento del cuchillo arriba y abajo; se trata de un ejemplo magnífico de música descriptiva que se ha convertido con los años en un motivo reconocible por todo el mundo de forma inmediata.
 
 
Ugly in the Morning – Faith No More: He aquí otro tema de los fantásticos Faith No More, esta vez sacado del King for a Day, el disco posterior al Angel Dust: un álbum con un tono general no tan oscuro y pesimista pero igualmente una obra maestra, con una riqueza de estilos musicales incluso mayor que la de su predecesor, como yo no había visto nunca antes: funk, gospel, heavy, jazz, bossa nova… Ya os comenté en la primera parte que este tipo de discos hechos sin complejos requieren un poco de paciencia hasta que les pillas el tranquillo, pero luego ya no puedes dejar de escucharlos… Por desgracia, la mayoría de la gente no tiene mucha paciencia, y por eso las ventas fueron bastante inferiores a las del Angel Dust.
Hablando de esta canción en particular, no es de mis favoritas del álbum pero decidí incluirla en el cassette sobre todo por la parte del final, en la que Mike Patton hace alarde de sus capacidades como vocalista (y de lo chalado que está, porque no sé cómo se pueden pegar esos berridos sin que le sangren a uno las cuerdas vocales). La frase del estribillo (“No me mires, estoy horrible recién levantado”) me hace pensar inicialmente en el protagonista de la canción mirándose al espejo medio dormido, bostezando y con legañas en los ojos, pálido y despeinado, rascándose el culo y posiblemente con un poco de resaca… pero la última parte de la canción le da una nueva dimensión a la historia, y despierta en mi mente imágenes de transformaciones como las de los relatos de terror clásicos: el Hombre Lobo, el Doctor Jekyll y Mister Hyde o el último suspiro de Dorian Grey frente a su retrato.
 
 
Dead Babies – Alice Cooper: En la misma onda que Mama o My Monkey, Dead Babies explora el lado oscuro de la infancia y las relaciones paterno-filiales, y nos habla de la pequeña Betty y del accidente que acabó con su vida… ¿qué puede haber más desolador que la muerte de un niño? Ésta es otra gran canción de la época dorada del grupo de Alice Cooper, uno de los clásicos de principios de los setenta, y su ejecución (nunca mejor dicho) en los directos incluía como atrezzo muñecas ensangrentadas a las que Alice mutilaba o decapitaba con un machete… la alegría de la huerta, vamos, en su onda habitual. Hoy en día, como ya os comenté, se sobreentiende un poco más que el objetivo es divertirse con las historias durante un rato y que no hay que tomarse las letras ni el espectáculo demasiado en serio, pero en su momento planteamientos como los de esta banda fueron un auténtico escándalo.
 
 
Message to Harry Manback – Tool: Hace quince años había en Internet una página web oficial de Tool (no recuerdo la dirección y no sé si seguirá existiendo) en la que se podían leer unas largas parrafadas, interesantísimas, que explicaban pormenorizadamente las referencias incluidas en las letras y todos los detalles y significados ocultos en las canciones. Recuerdo habérmelo pasado muy bien leyéndolas y haber pensado que los miembros del grupo debían tener una cultura vastísima, no sólo en el campo de las Humanidades sino también en el de las Ciencias.
Una de las explicaciones era la de este tema: a grandes rasgos, es la grabación original de un mensaje dejado en el contestador automático del vocalista de la banda, Maynard James Keenan. Lo dejó un italiano que solía ir a los conciertos y que estuvo viviendo un tiempo con algunos de ellos, y que gastaba un montón en teléfono y dejaba siempre la nevera vacía. Poco después descubrieron que se les había acoplado por la cara y que nadie lo conocía de antes ni tenía amigos ni familia en común con él, en vista de lo cual decidieron echarlo. Un día, mientras dormía la mona, se lo llevaron junto con todas sus cosas y lo dejaron en medio de un parque. A la mañana siguiente, cabreado tras despertarse en la calle, el tipo les llamó por teléfono y dejó este mensaje. La música de fondo es obviamente de Tool, y está añadida posteriormente para el disco. Danny Carey, el batería del grupo, comenta que mientras Die Eier von Satan tiene una letra totalmente inocente y sin embargo suena como una arenga nazi, Message to Harry Manback es una amenaza de muerte que suena casi como un poema de amor, lo cual tiene bastante gracia si lo piensas bien… las cosas casi nunca son lo que parecen.
 
 
The Beautiful People – Marilyn Manson: Recuerdo que en la época en que hice esta selección le cogía prestado de vez en cuando a mi hermano el CD que incluye esta canción, el Antichrist Superstar, y os prometo que escuchando algunas partes del disco he pasado verdadero miedo, he llegado a sentirme físicamente mal y a mirar involuntariamente por encima de mi hombro en busca de monstruos o espectros en mi habitación. Con este vídeo en particular y con algunos otros de la misma época (me acuerdo por ejemplo del Sweet Dreams, que también era tela marinera) Manson llevó el concepto de imagen perturbadora un paso más allá, tal y como Cooper había hecho veinte años atrás. Y supongo que en estos siguientes veinte años ha habido otros grupos que han subido aún más el listón, aunque no he tenido tiempo de estar muy al día al respecto.
Los distintos singles que se iban sacando del Antichrist Superstar se ponían los fines de semana en las discotecas del Carmen o del Cedro y allí, bailando rodeado de mis amigos, la sensación era totalmente distinta a estando solo en casa; era una sensación agradable de diversión, de rebeldía y en definitiva de libertad. No olvidemos que la música de Manson no sólo busca la provocación por la provocación, sino que incluye también duras críticas a la religión, a la incomunicación de la sociedad actual o al sistema capitalista… Me parece muy interesante al respecto la intervención del cantante en el documental Bowling for Columbine, en la que Manson establece una relación entre el miedo generado continuamente por los programas de noticias y la aparente pero ficticia solución a todos los males presentada por la publicidad, con el único fin de fomentar el consumismo entre los aturdidos ciudadanos. Como veis, siempre volvemos a lo mismo: los problemas del mundo real, como el aislamiento, las drogas o el consumismo, dan bastante más miedo que las historias de fantasmas o vampiros. Dejamos para más adelante el seguir hablando en detalle sobre el miedo, y también la tercera selección de canciones agrupadas por el hilo conductor de un determinado estado de ánimo… ¿Cuál de ellos, exactamente? Aaah… ¡suspense!
 
 

lunes, 16 de junio de 2014

Mal Rollete (Cara A)

Ya hace un tiempo os hablé de que en mi juventud tenía la costumbre de grabar de vez en cuando cintas de cassette con mezclas de mis canciones favoritas de un determinado artista o grupo, y os comenté que unas pocas de estas cintas eran diferentes porque tenían como común denominador un determinado estado de ánimo. Ya conocéis mi selección de canciones de buen rollete, así que hoy y la semana que viene hablaremos de las que, por contraste, se podrían denominar “de mal rollete”. Esta selección la confeccioné hace ya quince años, en un cassette TDK de sesenta minutos, y la rotulé con el título “Canciones para pasar miedo”. La hice en parte para mí mismo y en parte como regalo para un amigo que cumple años en torno a la festividad de Todos los Santos y que solía celebrarlo con una fiesta de Halloween en la casa de campo de sus padres. A la casa se llegaba conduciendo desde Valencia un buen rato hacia el interior por carreteras secundarias, pero no consigo recordar el nombre del pueblo en cuestión porque se trataba más bien de una zona con muy baja densidad de población, en la que los vecinos más cercanos a uno y otro lado se encontraban a unos doscientos o trescientos metros. Con una zona de bosque justo al otro lado del camino de acceso y muy poca luz alrededor por la noche, era un sitio perfecto para pasar una emocionante velada contando historias de terror, dando un paseo en la oscuridad o viendo alguna película del género. Después nos quedábamos a dormir y pasábamos allí el resto del fin de semana; guardo muy buenos recuerdos de aquellas experiencias… Pero vayamos sin más dilación a la lista de las canciones:
 
 
Opening Sequence – Andrew Lloyd Webber: Este tema es muy corto y está sacado de otra recopilación en CD de canciones terroríficas que había conseguido poco antes. Empieza con sonidos de lluvia y de truenos que se van acercando poco a poco, hasta estallar con un latigazo casi encima de nosotros. Oímos jadeos, unos tacones que se apresuran sobre un suelo empedrado y una pesada aldaba que llama a la puerta; mientras ésta se abre chirriando lentamente, escuchamos una voz sollozante de mujer que pide ayuda, y que es interrumpida bruscamente por un bramido infrahumano que provoca un desesperado grito de terror de la mujer. Inmediatamente suenan poderosos los conocidos acordes de órgano descendentes y ascendentes del tema de El Fantasma de la Ópera, que a su vez y breves segundos después dan paso a una risa estridente y cruel, a la risa de un ser sin duda demoníaco y demente.
Land of Sunshine – Faith No More: La primera canción propiamente dicha de la cinta comienza apenas medio segundo después de acabar la breve introducción anterior; el tempo es muy importante a la hora de generar un efecto dramático en el oyente. Casualmente (o no tan casualmente), este tema comienza con unos golpes de órgano muy similares a los de Andrew Lloyd Weber, y también contiene risas siniestras y descontroladas. Se trata de la canción que abre el álbum Angel Dust de Faith no More, uno de mis grupos favoritos.
A pesar de haber tenido mucho éxito con su disco anterior, The Real Thing, los Faith no More no tuvieron miedo de experimentar tanto con las letras como con el sonido para este su siguiente trabajo, seguramente debido a la influencia del vocalista Mike Patton, recientemente incorporado a la banda. Las letras son muy sarcásticas y están llenas de humor negro, situándose en las antípodas de lo comercial, y dan más miedo que cualquier relato de hombres-lobo o de vampiros porque hablan de algo bien real, de las miserias que nos rodean continuamente en nuestro día a día, en esta sociedad deshumanizada. Basta con ver los títulos de algunas de las canciones: Cafeína, Crisis de la Mediana Edad, Todo Está Arruinado, Jardín de Infancia, Sé Agresivo… En cuanto al sonido, es una mezcla extraña de diferentes estilos y elementos que al principio cuesta de asimilar, pero que gusta más cuantas más veces lo oyes; no sin razón Angel Dust tuvo unas críticas excelentes entre los especialistas. Algunos de los temas del disco crean atmósferas sonoras inquietantes y malsanas que dan realmente miedo, estando como ejemplo este mismo Land of Sunshine o, superándolo incluso, Jizzlobber, el penúltimo de la Cara B.
 
 
I Love the Dead – Alice Cooper: En una anterior entrada del blog ya hemos hecho una breve mención de esta oda a la necrofilia perpetrada por la banda de Vincent Furnier a principios de los setenta. Toda la larga carrera de Cooper se ha basado en lo siniestro y lo macabro como base para las letras de los temas, pero mientras en los últimos veinte años el artista se ha preocupado por delimitar la frontera entre el personaje y su persona y por dejar bien claro que las canciones son para divertirse y que no hay que tomárselas en serio, en sus principios hace casi medio siglo, en su época de éxito, alcohol y excesos, los límites entre realidad y ficción eran bastante más difusos y algunas de sus composiciones rayaban lo inaceptable para los estándares de una época en la que se le negó la entrada a ciertos pueblos de los Estados Unidos y creo que hasta se llegaron a celebrar concentraciones de protesta en las que se quemaban sus discos.
Mama – Genesis: Cualquier relato, ya sea o no cantado, que trate sobre una relación enfermiza entre una madre y su hijo es bastante susceptible de producirnos inquietud y desasosiego interior, al coger algo en principio muy bonito y volverlo del revés, convirtiéndolo así en algo doblemente feo. Al escuchar la letra de este tema me vienen por ejemplo a la memoria los personajes de Norman Bates y de su madre castradora en Psicosis… Pero ya os he comentado otras veces que yo al oír una canción no me fijo tanto en las palabras como en la música: lo que más me fascina de este tema es la base rítmica, potente e hipnótica, y los parones en los que Phil Collins suelta esa risa infantil y vengativa que se transforma en un extraño quejido entre animal e infrahumano… ¡Me pone la carne de gallina!
 
 
The Twilight Zone – Marius Constant: Como no sólo de Pop-Rock vive el hombre, he aquí un ejemplo de música orquestal de vanguardia que me produce tanta desazón como las canciones anteriores, si no más. Se trata del tema musical de la famosa serie de relatos autoconclusivos de terror, y da miedo no sólo por los crescendos y los ataques de la sección de viento, sino también porque nos hace recordar algunas de las historias de los episodios, cuyos desenlaces finales eran a veces para quedarse con los pelos de punta.
Black Hole Sun – Soundgarden: En su momento estuvimos hablando en el blog de acordes extraños y os puse un enlace a este tema con la letra pero sin las imágenes del vídeo musical. Ahora podéis echarle un vistazo y quedará clara una de las razones por las que esta canción siempre me ha fascinado y a la vez me ha dado un poco de yuyu… Como ya os dije, hoy en día la calidad de los efectos visuales ha mejorado mucho, aunque cuando salió el single eran bastante innovadores; en cualquier caso, la caracterización de los distintos personajes sigue siendo muy efectiva a la hora de crear un ambiente malsano e irreal, como de pesadilla. Aparte de las imágenes, también contribuyen a la sensación de incomodidad el hecho de no poder predecir los cambios tonales, de no reconocer los extraños acordes, y el gran contraste que hay entre el carácter apacible de la música (la mayor parte del tiempo) y lo siniestro de algunas de las partes de la letra.
 
 
My Monkey – Marilyn Manson: No podía faltar en una entrada sobre música de mal rollo otro de los grandes del Shock Rock, el hijo bastardo de Alice Cooper… Esta canción pertenece a Portrait of an American Family, el primer disco de estudio del grupo, que salió allá por 1994. A estas alturas todavía no se habían convertido en un fenómeno de masas; sin ir más lejos, y si no me equivoco, por aquel entonces Manson todavía tenía cejas. Recuerdo que este CD me lo prestó una antigua amiga mía de la Universidad, bastante atractiva y de personalidad realmente fascinante, aunque con unos gustos musicales y cinéfilos un poco enfermizos. Recuerdo además que me hizo pasar un par de malos tragos también en la vida real… Pero no cambiemos de tema, volvamos a My Monkey.
Como ya hemos comentado antes con Mama de Genesis, el coger un concepto supuestamente hermoso de partida y ensuciarlo es un buen método para provocar la repulsión del oyente o espectador. Es lo que hizo Peter Jackson en su época gore, antes de El Señor de los Anillos, con Meet the Feebles, una versión pasada de vueltas de los Teleñecos en la que se mezclaba algo tan aparentemente inocente como las marionetas con temas como la sodomía, el sado-maso, las drogas, la diarrea, las epidemias de mixomatosis o las masacres metralleta en ristre… En esta misma onda, en la canción de Marilyn Manson se habla del lado más oscuro de la infancia, de esos niños que oyen voces en su cabeza que de pronto les dicen “¡Mátalos a todos!”. Es bastante perturbador escuchar la voz distorsionada de Manson, una intencionadamente burda imitación de la voz de un niño, y los continuos samplings de trozos de canciones infantiles y de sonidos de dibujos animados que se solapan y se confunden unos con otros, dándonos una idea del caos que hay en la mente del crío en cuestión. Hablando de niños con problemas, a veces me pregunto si a esta antigua amiga mía le faltó el cariño de sus padres cuando era pequeña… Pero como digo, estemos a lo que estamos.
 
 
Die Eier von Satan – Tool: Para acabar la primera entrega (es decir, la primera cara) de esta entrada doble tenemos Los Huevos de Satán, una canción a la que ya hicimos referencia en uno de los primeros posts de La Belleza y el Tiempo. La cosa tiene bastante gracia, porque cuando la escuchas sin saber el significado de la letra (que está en alemán) te parece una música muy agresiva, y te da la impresión de que habla poco menos que del Apocalipsis, del fin del Mundo… Sin embargo, no es más que una receta para hornear galletas de hachís turco (y sin huevos) recitada en un tono totalmente distinto al que sería el habitual.
Me gusta este tema porque cuando entendemos la letra sabemos que no hay motivo para atemorizarse. Esto es algo que debemos recordar en todo momento: está muy bien pasar un poco de miedo a modo de divertimento, sabiendo que en cualquier instante podemos cerrar el libro, o cambiar de canal, o parar el cassette; pero nunca hay que dejarse dominar por el auténtico miedo. Ante la abrumadora complejidad y los muchos problemas de este Mundo, la rabia o incluso la tristeza son siempre mejores que el miedo, que es la menos productiva de las emociones. Con este pensamiento termino por hoy; dadle la vuelta a la cinta y la próxima semana seguimos con la Cara B.

martes, 10 de junio de 2014

Contemplando a los Viandantes

Me acerco a la Plaza por la Calle de las Barcas; antes de llegar he dado un pequeño rodeo y he pasado un momento por la Plaza Los Pinazo. Espero a que el semáforo se ponga verde mientras el reloj del Ayuntamiento, justo enfrente, da las doce, y mientras espero recuerdo que hace más de quince años crucé este mismo paso de cebra con mi primera novia justo antes de declararme; son muchas las experiencias vividas en este lugar, después de todo este tiempo… Al sonido del reloj se le añade el de una charanga de músicos que están tocando en el centro de la explanada, mientras un grupo de jóvenes, todas con vaqueros azules, camiseta negra y delantal de camarera, bailan animadas al ritmo de la música. En el centro de todas ellas hay otra chica disfrazada de cupcake gigante, guinda incluida en la cabeza, que también baila al mismo son… No me acaba de quedar claro si se trata de una despedida de soltera o de una maniobra de marketing bastante agresiva de algún establecimiento cercano, pero tampoco me paro a preguntarlo. Me desvío a la derecha y sigo andando hacia el borde de la explanada, hacia los bancos que miran a la fuente y a las paradas de bus de la otra acera.
 
 
Me siento en el banco del centro, el tercero empezando por la izquierda (o por la derecha, lo mismo da), y descubro con satisfacción que son relativamente cómodos; hacía tiempo que no los utilizaba, así que no estaba muy seguro. La fila de palmeras detrás de mí suele proyectar a estas horas del día y en esta época del año su sombra sobre los bancos, aunque hoy no hace falta preocuparse por el sol porque la mañana ha salido nublada. La temperatura es perfecta, los de la charanga ya se han ido y no hay mucho tráfico… La verdad es que se está genial aquí; después de la dura semana de trabajo, me apetece sentarme un rato sin hacer nada más que observar discretamente a los transeúntes y el entorno en general. La Plaza es un lugar en el que constantemente están ocurriendo cosas, y si no te paras a mirar atentamente te las pierdes. Yo paso por aquí entre dos y seis veces por semana, pero casi siempre andando a grandes zancadas y sin detenerme; ahora, sin embargo, desde este lugar privilegiado, me fijo en detalles que normalmente me pasan desapercibidos.
Por ejemplo, el estilo arquitectónico de los edificios: se ve claramente la diferencia entre los de la acera izquierda, proyectados antes de la Segunda República y más clásicos, y los de la acera derecha, posteriores y de aspecto más moderno. O los balcones: muchos tienen carteles de “Se Vende” o “Se Alquila”, pero en otros (pocos, eso sí) se puede ver personas, bien limpiando o bien asomadas a la barandilla mirando a la gente pasar. También me llaman la atención ciertas ausencias, como la de los logotipos del Partido Popular en algunas de las ventanas del edificio a mi derecha (todavía estaban ahí en la época del “No a la Guerra”), o la de los anuncios luminosos que una vez brillaron en lo alto de las fachadas a mi izquierda (creo que había uno de Philips y otro de Audio Jeam… es posible que esas fachadas lleven ya treinta años desnudas, pero yo los recuerdo).
 
 
El reloj hace sonar las cuatro notas que indican que ya son y cuarto. Me sorprende ver que algunas gaviotas han entrado desde el mar hasta la Plaza y sobrevuelan la fuente, haciendo de vez en cuando un picado para perseguir a las palomas que descansan posadas sobre la barra horizontal del semáforo. Me fijo en el agua que sube y vuelve a bajar e intento experimentar el efecto cascada, ese curioso efecto óptico por el cual, después de percibir durante un rato mucho movimiento hacia abajo, las neuronas del sistema visual encargadas de esta tarea se saturan, con lo que predomina la señal de las contrarias y al mirar a otro lado nos parece que los objetos se mueven lentamente hacia arriba… Nada, que no hay manera; los chorros de esta fuente (al menos los que hay encendidos ahora mismo) no sirven. Para el efecto cascada es mucho mejor la fuente de la Rosaleda de los Viveros… o, en el sentido contrario, los títulos de crédito de cualquier película en una sala de cine, cuando encienden las luces.
Centro ahora mi atención en los autobuses que paran delante de mí y que siguen camino hacia la Calle de la Sangre, y en la gente que los espera: ancianos, parejas de novios haciéndose arrumacos, mujeres jóvenes y guapas acompañando a los recados a sus madres… Contemplo también el ir y venir de gente por delante de los bancos, y también en la acera de enfrente: turistas de piel blanca como la leche consultando mapas de la zona centro, estudiantes con maletas de ruedas que seguramente vienen de la estación, adolescentes con skates…
 
 
Uno de los viandantes, un chico joven con gafas de sol, bigote bien recortado, un peinado estiloso y una pequeña mochila en la mano, se ha sentado en el banco de mi derecha. Le miro un par de veces disimuladamente, preguntándome si sólo está de paso o si, como yo, ha venido aquí a propósito para sentarse y disfrutar de la tranquilidad de este rincón de la ciudad. Han sonado ya las doce y media en el reloj y empiezo a sentir un vacío en el estómago, así que decido abrir la bolsa que traía conmigo y me dispongo a tomarme mi desayuno tardío, compuesto de coca de llanda con nueces y zumo multi-fruta sabor tropical. Al cabo de un par de minutos el chico se levanta del banco, se carga la mochila a la espalda y sigue andando en dirección sur.
Por alguna extraña asociación mental, la soledad en la que me encuentro ahora (plácida y agradable, pero soledad al fin y al cabo) me hace acordarme de cómo hace tres años la explanada a mi espalda bullía de actividad, de ilusión, de ideas y proyectos. Me acuerdo también de cómo la fuerza de ese torrente pareció ir apagándose poco a poco con el paso de los meses… Pero ¿realmente se apagó, o siguió fluyendo, poderoso y en silencio, por grutas y gargantas bajo tierra, para volver a salir a la superficie más adelante? La esperanza es lo último que se pierde. Mientras mi mente divaga con estos pensamientos, llega hasta mí, traída por una suave y fresca brisa, la fragancia de las flores del puesto cercano, detrás a mi izquierda, y acuden con el perfume a mi memoria las palabras de una buena amiga: ella suele decir que la calle es nuestro medio natural, y creo que tiene razón. El espacio público es de todos y está para usarlo; y cuanta más gente lo usa y más diversa es esta gente, más se enriquecen (nos enriquecemos) los unos a los otros.
 
 
Hace un rato que dieron las doce cuarenta y cinco, no creo que venga nadie ya. Me levanto y me dirijo hacia la Calle San Vicente. Me da la impresión de que un trocito de mí se ha quedado sentado en el banco, al igual que yo mismo me llevo un poquito de la Plaza conmigo, impregnando mi ropa, mi pelo, mi piel. Al llegar a la esquina norte, me encuentro por casualidad a una chica muy simpática que conocí unos días atrás y estamos un rato hablando; resulta curioso que no hayan aparecido las personas a las que esperaba y que sin embargo, de forma inesperada, el destino me haya cruzado con ella. Me alegra haberla visto, pero incluso aunque no hubiese sido así estos cincuenta minutos habrían valido la pena: me alegro de haber venido, a pesar de todo. Continuamente estamos rodeados de pequeños detalles cotidianos, pequeños diamantes en bruto, pequeñas pepitas de oro arrastradas por el río del Tiempo y al alcance de nuestra mano; basta con aprender a tamizar la arena de la Vida para encontrarlas, atesorarlas y admirar su Belleza.
 
 

lunes, 2 de junio de 2014

Pajas Mentales


Hace un tiempo vi una comedia adolescente de 2006 titulada Bickford Shmeckler’s Cool Ideas (título muy alegremente traducido en España como Superfrikis) en la que el protagonista, un estudiante universitario introvertido y solitario, tiene la costumbre de escribir en una libreta una serie de ideas sueltas y reflexiones filosóficas sobre la Vida en general con el objetivo de completar una Teoría sobre el Todo a la que él llama “El Libro”. Bickford escribe para sí mismo, no para compartir sus ideas con los demás, pero un buen día, en el transcurso de una fiesta universitaria, una estudiante sexy, fumeta y desfasada del mismo campus encuentra El Libro por casualidad y, fascinada por su contenido, se lo lleva para leerlo… La película, no nos engañemos, es bastante mala, pero deja caer aquí y allá algunas ideas que, aunque inconexas entre sí, son interesantes. Por ejemplo, y sin ir más lejos, la cita que aparece al principio ya me picó la curiosidad: “Nada puede llegar a ser verdaderamente comprendido en su totalidad. Ni siquiera la idea más simple. Ni siquiera esto.”
 

 
Viendo la peli, no pude evitar pensar que el objetivo del protagonista era parecido a lo que yo intento hacer (con más o menos éxito) en este blog: explicar de forma simple algo tan complicado como el Cosmos, como la Existencia entera; aprenderlo Todo acerca de Todo y sintetizar después ese Conocimiento en una fórmula sencilla. En la película hay varias escenas en las que la lectura de los razonamientos de Bickford produce orgasmos mentales en los personajes, es decir, una intensa y repentina satisfacción interior inherente a la comprensión y conexión de los conceptos, acompañada por un ligero mareo, ojos en blanco y alguna interjección del estilo de “¡Oh, sí,oh, Dios!” Esto me hizo empezar a darle vueltas a una entrada para el blog en torno al concepto de las pajas mentales.

¿Qué se entiende habitualmente por “hacerse una paja mental”? Significa vivir fuera de la realidad, ser un soñador, tener pájaros en la cabeza. Es obsesionarse con algo que le entusiasma a uno mismo pero no a los demás, empeñarse en perder el tiempo desarrollando una idea que en el fondo sabemos que no va a materializarse en nada concreto y tangible. Una paja mental se parece a las del otro tipo en que es algo que te da gustito, pero que al fin y al cabo no implica a otras personas y no lleva a ninguna parte… Analicemos estas tres afirmaciones una por una.

 
 
¿Una paja mental da gustito? Por supuesto que sí. Recuerdo haber sentido muchos orgasmos mentales en los últimos años… Aclaremos, primero que nada, lo que yo entiendo por un orgasmo mental. No me refiero al Síndrome de Stendhal, que se desencadena cuando estamos rodeados de Belleza por todas partes; ni a la Respuesta Sensorial Meridiana Autónoma, ese agradable cosquilleo, básico y primitivo, que se siente a veces en la nuca y del que ya hablaremos en otra ocasión… De entre los múltiples pequeños placeres de la Vida, me refiero a los de carácter más intelectual, aquellos en los que el estímulo viene más de dentro de nuestra cabeza que de fuera: ver por la tele un documental que nos abra los ojos a una idea interesante, pasear por el casco antiguo de la ciudad conociendo los detalles de su historia, contemplar la Belleza de las nubes de tormenta, la Luna o las estrellas sabiendo además cómo funcionan… En general, el desencadenante suele ser la toma de conciencia de que acabas de aprender algo nuevo y a la vez muy relevante, o de que has encontrado una relación interesante entre dos conceptos que aparentemente eran independientes, o simplemente la constatación de que controlas la situación, de que todo lo que ocurre a tu alrededor tiene pleno sentido de acuerdo con tus conocimientos, de que todo va según lo previsto…
 

 
¿Cómo son mis orgasmos mentales? Suelen durar entre cinco y quince segundos y, por supuesto, no van acompañados de los espasmos y jadeos que aparecen en la peli de Bickford Shmeckler. Los síntomas pueden variar un poco en función de la situación, pero por lo general son, por este orden: escalofríos, carne de gallina, pulso y respiración acelerados, ojos abiertos como platos, sonrisa de oreja a oreja, y finalmente una sensación de júbilo incontenible en mi interior, emoción que a veces no puedo reprimir y que se desborda en forma de risa sana y reparadora.

¿Una paja mental no implica a otras personas? Lamentablemente, esto es cierto. La mayoría de mis orgasmos los tengo estando solo, hay muy poca gente con la que experimento una conexión profunda a nivel intelectual, con la que realmente disfruto conversando, e incluso con éstos me resulta difícil cuadrar agendas para quedar con tranquilidad y tener conversaciones interesantes con la frecuencia que a mí me gustaría. Además, conforme van pasando los años algunos de estos amigos parecen ir teniendo menos tiempo para simplemente hablar, porque están muy ocupados en (según ellos) cosas más importantes como hacer un cursillo de cata de vinos o cambiar la tarima flotante de su casa (es el efecto conocido como “Tú antes molabas”).

Por todas estas razones (y porque no sólo de onanismo vive el hombre) es por lo que, además de moverme bastante por distintos ambientes culturales e intelectuales de Valencia, escribo las entradas de este blog y las lanzo, metidas en botellas de cristal, al océano de Internet para contactar con más gente que tenga inquietudes similares a las mías. La Belleza y el Tiempo no ha hecho que conozca por ahora a nadie realmente especial a través de la Red, pero sí me ha permitido afianzar bastantes buenas amistades hechas en persona en estos dos años.
 

 
Muchos de mis amigos y amigas, tanto de antes como de ahora, me comentan de palabra a menudo que les ha gustado tal o cual entrada, pero como podéis ver sólo la mitad de las entregas tienen comentarios por escrito (Al menos ahora los filtros funcionan correctamente y ya no pasa como al principio, que lo único que me llegaba a los comentarios era spam). Voy siempre muy liado con mil cosas y no tengo tanto tiempo como quisiera para responder, pero aun así los días que entro en el blog después de publicar una entrada y veo que no ha habido ningún comentario (y esos días son los más) representan para mí, en cierto modo, una pequeña decepción. Por lo visto, también en Internet todo el mundo está muy ocupado y va siempre con prisas. ¡Es todo tan líquido…!

Pero miremos la parte positiva: a veces llega flotando a mi isla una botella con un mensaje dentro, una botella enviada por otro náufrago perdido en el océano de la incomunicación; gracias al blog, y aunque sea sólo de vez en cuando, he podido tener conversaciones realmente interesantes, tanto por medio de los comentarios más extensos como cara a cara. Escribimos para saber que no estamos solos, y yo sé que al menos unos pocos me han leído con atención: Oscar Wildest, El Rojo, Hope, Abril, Irene, Ernesto, Julio, La Reina Roja, Neo, Héctor, Manolo Lame, Susana, Mariví… Gracias, chicos y chicas, por esos momentos tan bonitos que, aun siendo tan solo polvos mentales de una noche, son mejores que nada. Y sobre todo gracias a ti, Cancro, por esos polvos mentales salvajes que me dejan siempre sin aliento pero con ganas de más… Espero que tu churri no se ponga celosa (aunque no lo creo, porque ahora mismo estoy recordando que alguna que otra vez nos hemos montado un trío bastante guapo).
 

 
¿Una paja mental no lleva a ninguna parte? Permitidme dudarlo. ¿Hay que bajar de las nubes del pensamiento y vivir exclusivamente con los pies en la tierra? En absoluto. ¿Acaso todo mi trabajo en La Belleza y el Tiempo está siendo en vano? ¡Para nada! Incluso en aquellos casos en los que no he recibido comentarios ni en persona ni a través del blog, os aseguro que he experimentado muchos orgasmos mentales redactando las entradas y documentándome para ellas (en esta misma, sin ir más lejos, tres veces), y eso ya es suficiente recompensa… “A falta de pan, buenas son tortas”, que se suele decir, y yo escribiendo me lo paso pipa.

El blog me permitirá hacerme mis pajas mentales con regularidad, y eso, junto con algún que otro polvo mental aquí y allá de manera esporádica, me permitirá ir tirando de manera bastante digna, aunque a la espera de algo todavía mejor. Espero que llegue el día en que encuentre una pareja mental estable (que no es lo mismo que una pareja mentalmente estable, ojo, aunque eso también), espero que llegue el día en que pueda hacer el amor mental con la misma mujer (¡maravillosa, bendita mujer!) dos o tres veces por semana, lo cual es casi, casi más difícil que hacer el amor físico con la misma frecuencia. El orgasmo mental simultáneo es la meta final a la que aspiro… ¿que puede que sea un mito, como dicen del orgasmo físico simultáneo? Tal vez, pero yo no pierdo la esperanza; algunos todavía creemos en los milagros.
 

 
La conclusión del asunto es que, ya sea solos o acompañados, debemos intentar gozar al máximo de los placeres que nos ofrece la Vida, tanto a nivel físico como a nivel intelectual. No vamos a hablar ahora de los placeres de la carne (lo dejamos para más adelante), pero dejadme tan solo que os recuerde cuánto daño han hecho en el pasado las advertencias de los curas sobre quedarse ciego y cuánto daño sigue haciendo hoy en día en algunos lugares la postura de la Iglesia Católica según la cual cada espermatozoide es sagrado, tolerándose el sexo únicamente cuando es con fines reproductivos… Siguiendo con el paralelismo, podemos relacionar esto con la división entre pensamiento y acción de la que ya hemos hablado en el blog: hay quienes están en contra de pensar por el mero gusto de pensar, gente que hace las cosas sin haber reflexionado antes sobre ellas. Por el contrario, yo creo que hay ciertas rutinas de pensamiento que no se traducen necesariamente en acciones con resultados palpables y cuantificables, pero que acaban permeando toda nuestra forma de ser y de relacionarnos con los demás, haciendo de este Mundo un sitio un poco mejor. En resumen: que hay que darle más al coco.

¿Podemos llegar a entender el Sentido de nuestra Vida a través de la reflexión? No lo sé, pero tengo claro que debemos intentarlo. El truco consiste en ser al mismo tiempo soñadores y realistas, en alcanzar el punto justo de equilibrio: Tener a la vez la cabeza en las nubes y los pies en la tierra es lo que nos hace verdaderamente grandes. Acercarnos poco a poco a la comprensión de Todo, tener una estructura de pensamiento cada vez más completa y coherente, nos hace ser más felices por dentro, aunque no se note tanto por fuera… Dejadme terminar con un diálogo muy bueno de la peli de Bickford Shmeckler:

-¡La felicidad no es un interruptor en tu cabeza que puedas apagar o encender a voluntad!
-Sí lo es.
-¿La felicidad es un interruptor? Eso suena tan masturbatorio…
-¿Y no es
la masturbación uno de los grandes inventos de todos los tiempos?