martes, 25 de febrero de 2014

The Big Bang Theory (I)


La Teoría del Big Bang, basada en los postulados de la Mecánica Cuántica y en la Teoría de la Relatividad General de Albert Einstein, es el modelo cosmológico más aceptado actualmente para explicar las etapas iniciales de formación del Universo, y empezó a gestarse a principios del S.XX. Entre 1924 y 1929 Edwin Hubble comprobó, midiendo su desplazamiento al rojo por efecto Doppler, que todas las galaxias observables en cualquier dirección en el espacio remoto estaban alejándose de nosotros, y tanto más rápido cuanto más lejanas. Suponiendo que no estamos en el centro de una gran explosión, la única solución posible (y así lo han demostrado diversas comprobaciones experimentales) era que todas las regiones del Universo observable se estuviesen alejando unas de otras, igual que ocurre con los puntos dibujados con un rotulador en un globo a medida que lo inflamos. Esto significa que, dándole a la moviola y yendo hacia atrás en el Tiempo con la imaginación, hubo un momento en que todo estaba concentrado en un solo punto muy pequeño; tiene guasa que el primero en proponer, en 1927, una hipótesis de este tipo para la creación de todo lo que existe fuese el físico belga Georges Lemaître, que además era sacerdote católico.


En nuestro afán por saberlo todo acerca de todo, intentaremos con esta entrada múltiple resumir los hechos más importantes de la historia del Universo hasta el momento actual. Las partículas fundamentales constituyentes de la materia y de las distintas fuerzas (atractivas o repulsivas) se mueven muy rápido comparadas con nosotros, así que, a nivel de partículas, en una minúscula fracción de segundo pueden pasar muchas cosas: es lo que denominamos la escala subatómica de Tiempo. Por eso, para describir detalladamente todo lo que pasó en las primeras etapas de esta cronología utilizaremos en la entrega de hoy una escala logarítmica que toma como referencia el inicio del Big Bang, el nacimiento del Espacio y del Tiempo hace unos 13.800 millones de años; la semana que viene volveremos a usar como punto de referencia el momento presente.
Los datos experimentales obtenidos en los aceleradores de partículas actuales nos permiten retroceder sólo hasta un cierto punto en el Tiempo que, si bien está muy, muy próximo al inicio del Universo, no es el inicio propiamente dicho; haría falta llevar a cabo experimentos a mayores energías para seguir retrocediendo en la escala logarítmica de Tiempo. Hasta donde podemos llegar, sabemos que sólo había energía, no masa, y que todo lo que conocemos estaba comprimido en un punto minúsculo infinitamente denso e infinitamente caliente. A partir de aquí, el Universo se expande muy rápidamente, de forma exponencial, en lo que se conoce como la etapa de inflación cósmica. Aunque nada puede viajar más rápido que la luz dentro del Espacio-Tiempo, el propio tejido del Espacio-Tiempo sí puede expandirse a mayor velocidad, y de hecho así ocurrió en esta fase. Con esta expansión se produce una disminución gradual de la temperatura, y la inflación termina a los 10-32 segundos desde el Big Bang.
 
 
A los 10-12 segundos (es decir, la millonésima parte de la millonésima parte de un segundo), al seguir bajando la temperatura, gran parte de la energía se ha transformado en partículas subatómicas, y el Cosmos está formado por un plasma (una sopa muy espesa) de gluones y quarks. Las cuatro fuerzas que rigen actualmente el Universo (gravitatoria, fuerte, débil y electromagnética) están por fin claramente diferenciadas, y ya hay fotones, partículas de radiación electromagnética entre las que se encuentra la luz visible. Se dan continuos cambios entre materia inestable y energía, en ambos sentidos, según dicta la ecuación de Einstein E=mc2. Al bajar más la temperatura, a partir de los 10-6 segundos (o sea, una millonésima de segundo desde el principio de todo) se forman partículas estables más grandes tales como los protones y neutrones, con sus correspondientes antipartículas, de carga opuesta.
Poco después, materia y antimateria empiezan a combinarse mucho más rápido de lo que aparecen, y acaban aniquilándose mutuamente desprendiendo mucha energía, quedando sólo un pequeñísimo residuo de materia debido a un minúsculo desequilibrio entre ambos grupos. Esto ocurre con los protones y neutrones a un segundo del Big Bang, y con los electrones a diez segundos. Después de la aniquilación materia-antimateria, la mayor parte de la energía la tienen los fotones, que rebotan e interactúan constantemente con los pocos electrones y protones que han quedado. Sigue bajando la temperatura (si a mil millones de grados se le puede llamar baja) y a tres minutos del Big Bang los protones y neutrones se ralentizan lo suficiente para fusionarse en núcleos estables de Deuterio, un isótopo del Hidrógeno. Aparecen también núcleos de Helio y (en muy pequeña cantidad) de Litio. La densidad del Universo es ahora parecida a la del aire. A veinte minutos del Big Bang los núcleos no tienen velocidad suficiente para combinarse y cesan los procesos de fusión.
Hasta los 380.000 años de edad el Universo es borroso y blanquecino, con fotones y partículas cargadas chocando y rebotando caóticamente en una y otra dirección, pero llegados a este punto los electrones son captados por los núcleos para formar átomos completos y neutros (sobre todo de Hidrógeno, en un 80%), de manera que los fotones ya son capaces de viajar distancias muy largas en línea recta sin ser absorbidos. El Universo se vuelve transparente y las nubes de gas que hay en él empiezan a ser visibles de forma clara (si hubiera habido alguien a poca distancia para verlas). A este montón de fotones liberado entonces en todas direcciones y desde todos los puntos del Espacio se le llama radiación de fondo, y fue descubierta casualmente en 1964 por Arno Penzias y Robert Wilson. En el momento de su liberación sus longitudes de onda incluían el espectro visible, pero tras recorrer la larga distancia entre sus respectivos puntos de origen y nuestros telescopios éstas se han ido alargando (debido a la expansión del Espacio-Tiempo) hasta pertenecer al rango de las microondas; su distribución espectral coincide ahora con el patrón de emisión de un cuerpo negro radiante de 3 Kelvin, es decir, unos 270 grados centígrados bajo cero: la temperatura media del Universo actualmente. Las pequeñísimas fluctuaciones en la radiación de fondo de microondas proveniente del espacio exterior, dependiendo de la dirección en la que apuntemos con nuestros telescopios, son la prueba de las irregularidades en la estructura del Cosmos después de la etapa de inflación, y constituyen por tanto la fotografía más antigua del Universo de la que disponemos.

 
Poco a poco, en las regiones ligeramente más densas de un Universo por otra parte casi uniforme en cuanto a distribución de masa y energía, los átomos empiezan a atraerse por efecto de la gravedad, haciendo que la densidad en estos puntos aumente todavía más y formando nubes compactas de Hidrógeno gaseoso. Por otra parte, las zonas inapreciablemente menos densas al terminar el periodo de inflación se van haciendo cada vez menos densas y darán lugar con el tiempo al vacío intergaláctico. El final de esta relativamente breve etapa oscura, que viene dado por la edad de las galaxias y cuásares más antiguos conocidos, no se ha datado aún con precisión porque los objetos de este tipo observados hasta ahora se cuentan con los dedos de ambas manos, pero está entre 200 y 800 millones de años después del Big Bang (Al contrario que las minúsculas partículas tomadas de forma aislada, las gigantescas nubes de gas tardan mucho en evolucionar y en cambiar de forma apreciablemente, en comparación con nuestra escala biológica de Tiempo; por eso a partir de este punto hablamos ya de millones de años en vez de fracciones de segundo).
¿Y cómo se produce el final de esta edad oscura? La luz de las primeras estrellas y cuásares se enciende porque el colapso gravitacional de los átomos de Hidrógeno en sus centros genera tan altas presiones y temperaturas que se vuelve a producir la fusión nuclear, formándose Helio y liberándose gran cantidad de radiación electromagnética, parte de ella en el espectro visible. Después irán surgiendo el resto de estructuras complejas a gran escala que hay en el Cosmos tal y como lo conocemos hoy: primero planetas, satélites y agrupaciones de estrellas a las que llamamos galaxias; y más adelante grupos, cúmulos y supercúmulos de galaxias.

 
Como ya hemos pillado carrerilla, la semana que viene hablaremos brevemente sobre la formación de la galaxia en la que vivimos, de la estrella que nos ilumina, de nuestro propio planeta y del satélite que lo orbita… Pero antes de terminar por hoy, dejadme que os haga una pregunta con trampa: ¿Dónde creéis que se produjo exactamente el Big Bang hace 13.800 millones de años? ¿Fue cerca de nuestro Sol? ¿o al otro extremo de nuestra propia galaxia? ¿o en Andrómeda, la galaxia vecina? ¿o quizás en el punto más alejado de nosotros en el Universo conocido? ¿o tal vez en la misma ciudad de Valencia, o en tu propia casa, en tu cuarto de baño? Por extraño que pueda parecer, todas las opciones son correctas: teniendo en cuenta que antes del Big Bang no existía el Espacio ni las distancias, y que todo el Universo observable se expandió entonces a partir de un solo punto, a partir de la nada, la conclusión a la que llegamos es que el Big Bang tuvo lugar, como dirían Los Beatles, aquí, allí y en todas partes.

lunes, 17 de febrero de 2014

El Murmullo de las Paredes (I)

Estoy seguro de que muchos de vosotros recordaréis haber pintado, de pequeños, un corazón de tiza en la pared de la esquina con vuestro nombre y el de la chica o chico que os gustaba, para que todo el mundo lo viese… Hay quienes deciden con el tiempo llevar esta afición a otro nivel y compartir su arte con todo aquel que pasa por la calle, y algunos de éstos se lo toman tan en serio que, a pesar de utilizar seudónimo y moverse en el anonimato, llegan a ser conocidos en el mundillo incluso a nivel internacional.
Hace unos meses os dije que no sólo en Brick Lane hay arte urbano de calidad, y os prometí que dedicaría alguna entrada del blog al graffiti de mi ciudad, así que de vez en cuando publicaré una entrega con la selección de las mejores fotos que he ido sacando en mis paseos por El Carmen, por Velluters o por otros rincones de Valencia. Aquí tenéis la primera colección de paredes que susurran a los transeúntes, paredes que te dicen cosas al oído, algunas de ellas muy interesantes, si te paras un momento a escucharlas con atención.
 









 

lunes, 10 de febrero de 2014

La Soledad del Corredor de Fondo (II)

El título de esta entrada doble, por si os lo estabais preguntando, lo he tomado prestado de un relato corto escrito en 1959 por Alan Sillitoe, del que se hizo en 1962 una película dirigida por Tony Richardson. Smith, el protagonista, es un presidiario al que le ofrecen ciertas ventajas durante lo que le falta de condena a cambio de ganar una carrera de larga distancia. En un principio acepta el trato; en realidad se siente bastante bien cuando entrena en el campo porque la soledad le permite pensar y poner sus ideas en orden.
Luego volveremos a hablar de Smith, pero antes hablemos un poco de mí. Ya en su día os comenté que, aunque estés continuamente acompañado, puedes seguir sintiéndote solo si no hay una Conexión suficiente con la gente que te rodea. Hoy veremos que, por el contrario, puedes vivir solo y sin embargo no sentirte solo en absoluto… ése es, sin duda alguna, mi caso. Varias de mis amigas me han comentado que les da un poco de miedo vivir sin nadie más en su piso, sobre todo a la hora de dormir, pero yo no tengo ningún problema con eso, incluso a pesar de que el camino al dormitorio lo hago siempre a oscuras por un pasillo bastante largo y de techo alto, lleno de puertas entreabiertas (Otro día hablaremos del miedo en general con un poco más de calma… los que puedan mantenerla). Normalmente duermo a pierna suelta en mi cama de matrimonio, sin tener que preocuparme por despertar a nadie ni por que nadie me despierte con un movimiento brusco o un resoplido más fuerte de lo normal… También a nivel general estoy bastante contento viviendo solo: puedo elegir los programas que quiero ver en la tele, me hago una cena fría cuando no me apetece tirarme mucho rato en la cocina, entro y salgo cuando quiero y no le tengo que dar explicaciones a nadie… Difícil de mejorar, vamos.
 
 
El ser humano tiene el deber consigo mismo de ser libre. Esta Libertad asusta al hombre común, que intuye de algún modo que Libertad y soledad van de la mano. Pero hay dos tipos de soledad: una no deseable, que supone la ruptura de todo vínculo afectivo y la pérdida de contacto con la realidad, y otra que te da la oportunidad de disfrutar de tu propia intimidad, explorar tu interior y renovarte por dentro; una soledad necesaria, creativa, reparadora, productiva, y que puede ser elegida voluntariamente. Que no vivas en pareja no implica necesariamente que te sientas solo, porque tienes aficiones, amigos, familia y trabajo y por lo tanto te encuentras bien contigo mismo. Cuesta un tiempo darse cuenta de que ésta no es una soledad mala: es tranquila, serena, agradable, como de monasterio. Tal vez sería más apropiado, dadas las connotaciones negativas de la palabra soledad, hablar de máxima autonomía existencial: quien ha llegado a ser consciente de que es parte integrante de un Universo lleno de incontables maravillas, aunque esté aparentemente solo, no puede sentirse tristemente solo jamás, porque sabe que todo lo que necesita para ser feliz está dentro de él, en su cabeza. En otras palabras, para no sentirse solo primero hay que haber aprendido a estarlo.
Ya sabéis que soy seguidor de la máxima “conócete a ti mismo”; hay quien lo consigue a través de la escritura, y yo me incluyo en ese grupo. Pero cuidado, no hay que quedarse ahí, también leemos y escribimos para saber que no estamos solos, para saber que hay alguien que nos comprende. Debe haber comunicación en ambas direcciones; esto me hace recordar a aquella joven del comic Las Calles de Arena que escribía cartas para contarle a la gente todo lo que llevaba dentro: ella misma no acababa de tener muy claro si escribía porque se sentía sola o si estaba sola porque escribía. En mi caso, a veces me comparo en el blog con un náufrago atrapado en una isla que escribe mensajes y los lanza al mar en botellas para ver si alguien las encuentra. Escribo las entradas de La Belleza y el Tiempo para los demás pero también para mí… Podría decirse que el blog tiene un triple objetivo: primero, ordenar mis ideas poniéndolas por escrito y averiguar así cuáles deberían ser mis metas en la Vida; segundo, hacer que otras personas disfruten con las entradas y ayudar también a que puedan conocerse mejor a sí mismas; y tercero, establecer contacto con algunas de esas personas, de inquietudes y objetivos vitales similares a los míos, y tratar de alcanzar juntos dichos objetivos.
 
 
Por tanto, saber estar solo es útil para no sentirte solo, pero también para llegar a estar bien acompañado. La capacidad para comunicarte de manera eficaz con los otros (lo que la Teoría de las Inteligencias Múltiples llama la Inteligencia Interpersonal) depende de la capacidad que tengas para dialogar contigo mismo, para verbalizar tus propios sentimientos (o sea, la Inteligencia Intrapersonal). Para todo ser humano debería ser prioritario adquirir la sabiduría suficiente para ser libre y feliz en la Vida, y una vez conseguido esto encontrar una amistad verdadera, un alma gemela igualmente libre (la otra naranja de la que hablábamos la semana pasada), con quien compartir y aumentar su felicidad, en quien poder mirarse para mejorar aún más como persona, haciéndose ambos la Vida más fácil el uno al otro… y si a la comunión espiritual se le añade también una comunión física, pues mejor que mejor, oye.
Dicho de otra forma: a la hora de plantearte una relación de pareja deberías partir de ti mismo, conocerte, aceptarte, respetarte, quererte... y luego tomarte tu tiempo para llegar a conocer, respetar y querer a otra persona que te aporte más de lo que tienes estando solo, una persona con la que valga la pena compartir tu Vida. Como ya comenté hace unos meses, sólo el Afecto surgido de la Verdad y la Libertad de ambos puede perdurar en el Tiempo; el Amor hacia esa persona será inquebrantable porque estará fundado en el Amor que cada uno de los dos tiene por el conocimiento de la Verdad, y además no supondrá tener que renunciar a la propia forma de ser de cada uno.
Aunque todo esto suena muy bonito, no nos engañemos: es muy difícil encontrar una mujer con la que conectes hasta el punto de poder iniciar una relación estable, basada en la sinceridad y el respeto mutuo. Desde que corté con mi última pareja (hace tres años y pico, si no recuerdo mal) he tenido una vida social bastante activa, tanteando el terreno por aquí y por allá, y la verdad es que no ha habido mucha suerte en este sentido… Es curioso que cuanto más me conozco a mí mismo, más me alegro de ser como soy, y cuanto más busco a mi alrededor, más pena me da que haya tan poca gente que piense como yo; veo por tanto cada vez más cercana la consecución del primer objetivo, la felicidad a nivel individual, y más lejana la del segundo, una felicidad aún mayor en pareja.
 
 
Antes hablaba de mí mismo como un náufrago solo en mitad del océano esperando a que vengan a rescatarle, pero ¿y si en el mástil del barco que pasa junto a la isla ondea la bandera pirata? ¿No sería mejor, ante la perspectiva de ser torturado o vendido como esclavo, esconderte tras las palmeras y esperar a que pase otro barco? También podría hacerse una comparación con un autoestopista que camina por la carretera y que baja el pulgar, disimulando como puede, cuando no le gusta la pinta del coche que se acerca por detrás… ¿Y si se trata de dos paletos de la Alabama profunda que te secuestran y te llevan a su cabaña del pantano, encerrándote en un cobertizo y haciéndote tomar parte en sus incestuosas relaciones sadomasoquistas? Llamadme exagerado o desconfiado si queréis, pero creo que soy por naturaleza un solitario y un rebelde, y eso es algo difícil de cambiar a estas alturas… Sigo pensando que es mejor estar solo que mal acompañado.
¿Seguiré pensando así siempre? Aunque antes os comentaba que estoy muy a gusto en mi piso, viviendo a mi aire, también hay algunas cosas que echo de menos: que alguien me bese en los labios de vez en cuando, o que me sonrían levemente sin decir palabra y mirándome muy fijo a los ojos, o sentir en la cama un cuerpo desnudo, suave y cálido, abrazado fuertemente al mío… Hay momentos de flaqueza en los que por un instante me digo a mí mismo: “El día menos pensado, el día que me harte, dejaré de estar solo y dejaré de ser libre, y me echaré novia caiga quien caiga. El día menos pensado me convertiré en uno más entre la multitud…” Ese instante de debilidad, afortunadamente, pasa rápido. ¿Yo, uno más del montón? ¡No, gracias! Como decía Cyrano, prefiero volar libre; posiblemente no muy alto, pero volar libre… y solo. Seguiré buscando una compañera de viaje sin dejar de ser coherente conmigo mismo y sin renunciar a mi integridad, aunque me cueste alguna que otra lágrima.
 
 
En la película que da título a esta entrada Smith acaba rebelándose contra los funcionarios de la prisión el día de la carrera y, a pesar de ir el primero, se para a pocos metros de la meta en un acto de desafío, de afirmación de su espíritu libre y su independencia. Yo tampoco pienso cruzar ninguna meta por obligación, no pienso rendirme a la presión social y encontrar pareja sólo porque es lo que hace (o lo que intenta) todo el mundo. No soy un sprinter sino un corredor de fondo, y voy despacio porque voy lejos. Creo que para poder conocer a alguien realmente especial hay que seguir el camino correcto, sin tomar atajos; ya sé que me costará un tiempo, pero no pierdo la esperanza. Más adelante en el blog veremos si la probabilidad de encontrar a una mujer compatible con mi forma de ser es más alta que la de contactar con una civilización alienígena inteligente, y hablaremos un poco de la Ecuación de Drake.

martes, 4 de febrero de 2014

La Soledad del Corredor de Fondo (I)


La Autenticidad es una consecuencia de la Libertad ejercida a la hora de elegir tu estilo de vida, y perder tu Autenticidad significa perder parte de tu Libertad. Ya hablamos de esto en el blog en una ocasión, y vimos que tener una personalidad auténtica, gustos eclécticos y aficiones muy variadas supone pagar un precio desde el punto de vista social: no te sientes totalmente integrado en ninguno de los grupos en los que te mueves, e intentar acercarte a los demás te aleja casi siempre de ti mismo. Por entonces os prometí que más adelante seguiríamos hablando de la relación entre Libertad y soledad, centrándonos esta vez en el plano de las relaciones sentimentales, y es lo que vamos a hacer hoy.



 
Ser genuino y excéntrico pasa factura también a la hora de buscar pareja; encontrar una compañera es más difícil cuando no quieres renunciar por ello a ser tú mismo. Sin embargo, para la gente aborregada, para aquellos que, por elección o por las circunstancias, son la viva imagen de un cliché, de un estereotipo, resulta mucho más fácil conocer a otra persona cortada aproximadamente por el mismo patrón y empezar a salir; además, al no disfrutar de una vida interior muy interesante que digamos, tienen menos que perder a la hora de probar suerte y dedicar gran parte de su tiempo a una relación de futuro incierto, con lo que suelen pensárselo menos antes de dar ese paso.
Ya hemos comentado otras veces que hay mucha gente con miedo a estar sola porque realmente están huyendo de ellos mismos y de la voz de su conciencia. Vivir en pareja es una de las formas de huida más eficaces, aunque hay otras como comprarse un perro o, peor aún, tener un hijo, de las que ya hablaremos más adelante… Pero no sólo la gente perdida y miedosa acaba cayendo en la trampa de comprometerse con el primero que pasa; también hay personas sabias y equilibradas que, tras años intentando hacer lo correcto, empiezan a sentir que el Tiempo se les escurre entre los dedos o, como se suele decir, que se les va a pasar el arroz. Puedo recordar varios ejemplos de amigas y amigos míos que, a pesar de ser inteligentes, personas realmente interesantes, han acabado rebajando sus expectativas y escogiendo a alguien, por decirlo de alguna manera, del montón; y la verdad es que no se lo reprocho: es realmente difícil encontrar un compañero o compañera con quien conectes de verdad, alguien compatible contigo en todos o casi todos los aspectos de tu personalidad. En fin, son increíbles las cosas que hacemos a veces con tal de no estar solos… Me viene ahora mismo a la memoria un poema precioso de Ana Elena Pena que habla de todo esto y que lo expresa sin duda mucho mejor que yo.
 
 
Pero ¿por qué odiamos tanto estar solos? ¿Qué es mejor, estar solo y sentirse libre o vivir acompañado y sentirse agobiado por tu pareja? Por esa obsesión con la soledad, por esa necesidad de pertenencia, muchos tienden a autoengañarse y se empeñan, cueste lo que cueste, en mantener con respiración artificial una relación que ya hace tiempo que está muerta, tratando de convencerse de que pueden avivar los rescoldos de un amor que se ha apagado por completo. Hay quien incluso acaba aborreciendo a su pareja, pero por miedo a la soledad o al qué dirán, o por puro egoísmo, aguanta con ella hasta que encuentra a otra mejor, o por lo menos no tan mala (esto es lo que se llama ir “de oca en oca y me la tiro porque me toca”).
Aunque las cosas están cambiando algo, actualmente sigue predominando la idea generalizada de que es mejor vivir en compañía, y sobre todo los casados o ennoviados, aunque por dentro no las tengan todas consigo, te lo suelen recordar una y otra vez, como para justificarse a sí mismos (Ya sabéis: mal de muchos, consuelo de tontos). Los que se conforman con una pareja de la que no están verdaderamente enamorados piensan como viven: por comodidad, les resulta más fácil adaptar consciente o inconscientemente sus esquemas de pensamiento a sus decisiones en la Vida, aunque éstas sean incoherentes entre sí o no se ajusten a su manera de pensar de antes. Yo, sin embargo, no sé mentirme a mí mismo ni mentir a los demás; eso determina, por suerte o por desgracia, la naturaleza de mis relaciones sociales y sentimentales. Creo que si renunciara a mi propia Verdad a cambio de sentirme integrado en un grupo o querido por una mujer se perdería parte de la Belleza que hay en mi interior, de modo que siempre he intentado vivir como pienso y actuar según me dicta mi conciencia, aunque ello me suponga a corto plazo más sinsabores (En otras palabras: que no me como una rosca).
 
 
A pesar de que, como habéis podido comprobar hasta ahora, mis estándares en cuanto a la búsqueda de pareja están bastante altos, eso tampoco significa que haya que ser un extremista radical y rechazar a toda persona que no sea 100% compatible con tu forma de ser… Me acuerdo de aquel gag de Los Simpsons en el que el tipo de la tienda de comics se encuentra en una convención con una chica bastante atractiva que entabla conversación con él. La cosa parece estar yendo bastante bien, y él le pregunta: “¿Qué opinas de los vírgenes a los 45 que todavía viven con sus padres?” La réplica de ella es “Te lo digo si te quitas esa miga de la barba…”, a lo que él responde, ofendido: “¡No intentes cambiarme, Muñeca!”. La pareja totalmente perfecta para uno no existe, y siempre hay que ceder un poco en algunos aspectos secundarios y buscar un punto intermedio entre dos maneras de entender las cosas, pero si la otra persona es tan distinta de ti que para poder convivir con ella tienes que renunciar a algunas de tus creencias y principios más básicos, que dejar de ser fiel a ti mismo, entonces esa persona no es la adecuada para ti.
Incluso en el caso de encontrar a una mujer lo suficientemente compatible, deberías ser capaz de sentirte bien contigo mismo en sus ausencias, o en el caso de perderla (por una u otra razón). Los seres humanos tenemos necesidad de reconocimiento, pertenencia y Afecto, pero eso no significa que debamos interpretar el hallazgo de una pareja apropiada como la panacea universal, como la solución de todos nuestros problemas por arte de magia para el resto de nuestros días. La vida en común debe entenderse como una relación de cooperación, y no de dependencia; se trata de que cada uno pueda amar al otro desde su propia Libertad e independencia, enriqueciéndose ambas personas sin anularse entre sí. Por eso quiero corregirme a mí mismo con respecto a algo que dije la última vez que estuvimos hablando del tema y os adelanté los contenidos de esta entrada: os comenté que aún tengo esperanzas de encontrar a mi media naranja, pero en realidad lo que deberíamos buscar todos es otra naranja entera (que así se conserva mejor la vitamina C, y además de dos naranjas sale luego mucho más zumo).
 
 
Después de haber visto cómo, por prisa, miedo o ignorancia, hay mucha gente que toma decisiones incorrectas en sociedad, la próxima semana trataremos de explicar cómo hacer lo correcto en soledad; y veremos entre otras cosas que vivir solo no significa necesariamente sentirse solo, que para conocer a alguien que valga la pena primero tienes que conocerte bien a ti mismo, y que si no llegaras a conocerlo, seguramente es mejor estar solo que mal acompañado.