lunes, 16 de octubre de 2017

Afilar la Mirada


Hay cosas que nos hacen felices que son sencillas y otras que no lo son. Centrémonos en las primeras, lo que muchas veces hemos dado en llamar “placeres sencillos”. A medida que crecemos, por pura repetición, estos placeres van perdiendo su componente de novedad y producen menos satisfacción, con lo que se hace necesario un esfuerzo consciente, un cierto grado de concentración, para volver a valorarlos en su justa medida. Me da la impresión de que volver a ver las cosas con los ojos de un niño no consiste en repetir exactamente las mismas experiencias sensoriales que tenías cuando eras pequeño… Creo que es algo distinto, y además mejor; a ver si me explico. Cuando eras niño, rascar la superficie de las cosas ya suponía una novedad, así que no necesitabas profundizar mucho para experimentar el placer de descubrir algo nuevo. Cuando creces, no te basta con volver a arañar la superficie, necesitas percibir más capas de la misma experiencia, disfrutarla a varios niveles de complejidad cada vez mayor




Por ejemplo, yo ahora mismo miro a la Luna y no solo veo la Luna y punto: pienso en la decena larga de hombres que estuvieron allí a finales de los 60 y principios de los 70, en cómo se formó hace miles de millones de años a partir de la colisión de la Tierra con Tea, en cuánto tiempo tarda la luz en recorrer la distancia entre ella y mis ojos… Aprender todas estas cosas desde luego no es fácil, cuesta mucho trabajo; pero una vez las has interiorizado, las asociaciones salen casi solas, y resulta muy sencillo experimentar felicidad a partir de estímulos bastante simples. Es cuestión de saber ver la complejidad que subyace detrás de esos estímulos, de “entrenar la mirada”, de afilarla, en el sentido de aguzar no solo la vista sino también el entendimiento…

Por tanto, al menos en mi caso, además de la atención a los pequeños detalles también el Conocimiento de cómo funciona el Universo y de cómo todo está relacionado entre sí es muy importante a la hora de ser feliz. Por eso uno de mis objetivos vitales es intentar aprender algo nuevo cada día para ser capaz de detectar toda la Belleza que hay a mi alrededor. La Ciencia nos abre las puertas a nuevos estratos de Belleza de la Existencia, a muy distintas escalas en el Espacio y en el Tiempo, más allá de lo que perciben nuestros sentidos. Nuestro cerebro, nuestra inteligencia, nos permite “ver”, en el sentido de comprender, las cosas más pequeñas y las más grandes, las muy rápidas o muy lentas, las invisibles, o muy lejanas, o del futuro, o del pasado remoto.




Os pongo otro ejemplo. Imaginad una comida con amigos en el restaurante Racó del Mar, en la plaza de San Vicente Ferrer de Valencia. Puede ser que la camarera no esté muy simpática ese día o que el café sepa un poco a quemado; detalles como estos bastarían para amargarle la experiencia a alguien que no sepa ver más allá, pero hay que intentar considerar la parte positiva del asunto. Si uno conoce los detalles sobre la situación del restaurante y elige la mesa apropiada, estará sentado junto a los restos arqueológicos de la pared este o encima de la lámina de metacrilato que protege otros importantes hallazgos… Donde la mayoría de gente vería solo unas piedras yo, como buen entendido en la(s) materia(s), soy capaz de intuir una serie de apasionantes conexiones con el pasado reciente y lejano.

Mi mente retrocede primero hasta 1990, año en que se realizaron las excavaciones arqueológicas que dieron lugar a estos descubrimientos, y me contagio de la emoción que debieron sentir los técnicos del Ayuntamiento al ser conscientes del hallazgo que tenían entre manos… Porque estas piedras corresponden en parte a la muralla árabe del S.XII, pero también a las gradas orientales del circo romano, que habían actuado hasta entonces como línea defensiva de la ciudad y después, ligeramente modificadas, sirvieron como cimientos y base para la muralla. Mi mente retrocede más allá de la época visigoda, llegando a la etapa de mayor esplendor de la ciudad romana imperial: hasta el S.V se celebraron aquí las carreras de cuadrigas, con los equipos rojo, azul, blanco y verde compitiendo por la victoria y levantando pasiones y rivalidades entre los seguidores que dejan en pañales al fútbol de hoy en día.




Pero mi imaginación no se detiene donde acaban los registros escritos de nuestra Historia… Los bloques de piedra caliza usados por los romanos proceden seguramente de las canteras de Godella y se formaron por la sedimentación y compactación durante millones de años de las conchas de pequeños animales marinos, cuando los terrenos en los que vivimos ahora estaban sumergidos en aguas poco profundas… Y yendo aún más allá, los átomos de carbono, oxígeno o calcio que forman los cristales de estos minerales se generaron por fusión nuclear en el interior de una supernova distante, antes de la formación de nuestro sistema estelar hace cuatro mil quinientos millones de años. En resumen, lo que a ojos de un profano parecería tan solo una piedra decorativa en un restaurante encierra, para el que sabe leer entre líneas, infinidad de historias maravillosas que le conectan con el Cosmos a muy distintos niveles… Pensándolo detenidamente uno se pregunta: ¿No es maravilloso el mero hecho de estar vivo en un Mundo tan complejo y a la vez tan comprensible tras realizar un mínimo esfuerzo intelectual? Por supuesto, se trata de una pregunta retórica: la respuesta es obviamente afirmativa.



lunes, 9 de octubre de 2017

lunes, 2 de octubre de 2017

Lo Bueno, si Breve…


Es curioso cómo a veces una misma idea puede asaltarte de distintas formas y desde distintos entornos en muy poco tiempo… Este viernes por la tarde, tomando algo con unos amigos ingleses, hablábamos de las diferencias entre ambos pueblos en lo que respecta al beber y surgió en la conversación una de las posibles razones por las que los hijos de la Gran Bretaña tienen fama de pillar unas borracheras tan grandes: desde principios del siglo XX, y sobre todo durante la Primera Guerra Mundial, se limitó el horario de apertura de los pubs para intentar evitar el absentismo laboral, de manera que poco antes de las once se tocaba tres veces una campana para avisar del cierre inminente. Al parecer esta medida tuvo un efecto contrario al deseado, porque la gente bebía todo lo que podía antes del cierre, ingiriendo más alcohol de golpe. Desde 2005 los horarios son más flexibles, habiendo una o dos horas más para poder dosificarse, aunque mis amigos no supieron aclararme si esto ha hecho disminuir o no el número de borracheras y comas etílicos.




El mismo viernes, al llegar a casa, me puse en YouTube el programa del día anterior de La Vida Moderna, y una de las noticias que comentaba David Broncano (aproximadamente en el minuto 11) era la de que Twitter iba a probar a aumentar para algunos usuarios el número de caracteres permitidos por mensaje de 140 a 280, para hacer la medida extensiva al resto más adelante si la cosa funcionaba bien. Al parecer hacían esto para que los usuarios ingleses, españoles o alemanes no estuviesen en desventaja respecto a los chinos, japoneses o coreanos, que con sus pictogramas pueden expresar ideas bastante más complejas en un mensaje de la misma extensión. La reflexión que hizo Ignatius Farray al respecto me pareció bastante acertada: pensaba que es una mala idea porque según él es la brevedad impuesta lo que te mueve a aguzar el ingenio para sintetizar al máximo, consiguiendo así un estilo más poético y original. Llevando este concepto aún más allá, Ignatius sostenía que en la Vida en general el tener límites es lo que nos impulsa a empujar en alguna dirección; el espíritu libertario no tendría sentido si no hubiera muros que derribar.




Y hablando de muros, justamente el viernes por la noche programaron en la tele, en una de sus habituales redifusiones periódicas, la película Cadena Perpetua, que hemos mencionado en un par de ocasiones últimamente en La Belleza y el Tiempo. Mientras la veía (una vez más), y enlazando con todo lo anterior, me venía a la cabeza la idea del recluso que, encerrado durante años entre cuatro paredes, aprende a prestar atención y disfrutar al máximo de esos pequeños detalles que en la calle le pasarían desapercibidos, como un rayo de sol, un soplo de aire fresco o una bonita canción. Del mismo modo que el recluso dispone de un espacio limitado para moverse, todos nosotros, seres mortales, disponemos de un Tiempo limitado sobre la faz de la Tierra, y es precisamente la fugacidad de nuestra Vida la que nos impulsa a sacarle todo el partido posible y disfrutar de toda la Belleza que nos rodea mientras aún seguimos aquí… Esta idea fundamental, que es la que da título al blog, ya la hemos comentado alguna otra vez antes, pero no está de más repetirla de vez en cuando para no olvidarnos de ello.



martes, 26 de septiembre de 2017

Cada Veintisiete Años (II)


Creo recordar que, según la información que he ido leyendo estos últimos días, se han hecho en total unas doscientas cincuenta adaptaciones distintas de obras de Stephen King para la televisión o el cine… Curiosamente, por lo general han tenido mejor calidad las adaptaciones de los relatos que no incluyen elementos sobrenaturales, como Misery, Cuenta Conmigo o Cadena Perpetua. El Resplandor es sin duda una gran película, pero se puede decir que es más una obra de Kubrick que de King, y de hecho al escritor no le hizo mucha gracia en su día por el cambio de enfoque introducido respecto al texto original… Así que podríamos decir que tal vez Eso, estrenada hace un par de semanas, se ha convertido en la mejor adaptación de una novela de horror sobrenatural de King, además de ser la película de terror que más dinero ha recaudado en la historia del Cine (Por cierto, ya hay fecha prevista de estreno para la segunda parte: el seis de septiembre de 2019).




La semana pasada hablábamos de correr riesgos, y en ese sentido es de agradecer que el guión contenga algunos pasajes realmente siniestros y perturbadores, haciendo que la película tenga clasificación R (cosa por otra parte lógica en un film de terror). No hay más que ver la tremenda escena inicial del encuentro entre Pennywise y Georgie, en el que el film se salta a la torera la regla número uno sobre lo que se puede hacer o no con los niños pequeños en pantalla… Pero lo que hace a la peli especial es el perfecto equilibrio y las hábiles transiciones que hay entre estas escenas terroríficas y otras más tiernas o divertidas que nos ayudan a conocer mejor a los siete protagonistas, y preocuparnos realmente por ellos. No solo es una película sobre un payaso asesino de niños, también es una historia acerca de la importancia de los lazos de amistad durante la niñez, y sobre el difícil paso a la adolescencia y la edad adulta. El hecho de que en la historia Eso no pueda hacerte daño si no le temes y si te mantienes cerca de tus amigos conlleva una lectura muy interesante para los lectores/espectadores de cara al Mundo real: no hay que temer a nada más que al propio miedo, y la ayuda de tus seres queridos puede ser crucial a la hora de vencer miedos irracionales y superar los problemas y frustraciones del día a día… Hay quien ha comentado que los sustos van bajando de intensidad hacia el final de la película; yo no creo que esto sea un defecto, algo involuntario debido a la reiteración, sino más bien un elemento introducido a propósito para dar a entender que los niños tienen cada vez menos miedo del payaso, que comprenden que la unión hace la fuerza.




Otro de los aspectos interesantes en los que quiero detenerme es la doble naturaleza de los elementos terroríficos de la historia: estos no se limitan a los de carácter sobrenatural, normalmente en forma de susto repentino con golpe de orquesta incluido, y asociados a las apariciones del payaso en sus distintas formas (un niño sin cabeza víctima de una explosión, una grotesca flautista salida de un cuadro o un leproso interpretado por Javier Botet)… En paralelo se nos van presentando una serie de personajes y situaciones que conforman el horror cotidiano de la localidad de Derry, generando lentamente un ambiente malsano, de mal rollete, que hace que la historia gane muchos enteros.

Tenemos muchos ejemplos de esto a lo largo del film, empezando por los breves apuntes acerca de los sobrecogedores incidentes del pasado del pueblo, que se suelen producir, como ya hemos dicho, a intervalos de veintisiete años: horribles accidentes como la explosión antes citada, linchamientos, asesinatos múltiples o en serie… Están también los personajes inquietantes como el farmacéutico (es bastante inquietante la escena de Clark Kent y Lois Lane) o la bibliotecaria (tal vez no os habréis fijado en que mientras Ben está consultando los libros ella aparece borrosa y encorvada en el fondo de la imagen, sin destacar apenas, mirándolo fijamente con una expresión diabólica). También sobrecoge la secuencia en la que un matrimonio pasa en su coche mientras Henry Bowers y los demás abusones del colegio le están haciendo cortes a Ben en la tripa con una navaja: la pareja intenta aparentar que no ha visto nada y pasa de largo, mientras por el cristal del asiento trasero aparece flotando uno de los globos rojos que Pennywise suele ofrecer a los niños… 




En cuanto a los padres de los Perdedores, no hay ninguno que represente una fuente de esperanza a la que poder recurrir… La madre de Eddie es posesiva hasta decir basta y lo convierte en un hipocondríaco para poder tenerlo siempre metido en casa, solo para ella. El padre de Beverly deja intuir en un par de ocasiones que abusa o pretende abusar de su hija, cosa que (si no recuerdo mal) queda fuera de toda duda en el libro; en relación con esto, me parece brillante la escena de la sangre que sale de la pila del lavabo, clara alusión a la primera menstruación de Beverly y la confusión adicional que le produce el paso de niña a mujer. Aunque se trate de uno de los antagonistas, merece también una mención el personaje de Henry Bowers y su relación con su padre: Henry hace cosas horribles, pero la película nos deja bien claro que él también es una víctima, un eslabón más en la cadena del horror como algo heredado del pasado y transmitido de generación en generación… Realmente escalofriante la parte en la que mata a su padre a sangre fría, empujado por Pennywise.




Por último tenemos la total falta de apoyo por parte de los padres de Bill el Tartaja tras la muerte de su hermano pequeño. A lo largo de la película solo aparecen en una breve escena cada uno: la madre, tocando el piano mientras Georgie baja al sótano a por la parafina para el barco de papel; y el padre recriminándole a Bill sus esperanzas de encontrar a su hermano con vida y pidiéndole enfadado que se olvide del asunto. Me pareció excelente el discurso que da Bill al resto de los Perdedores antes de entrar en la mansión abandonada de la calle Neibolt, uno de los epicentros del mal que asola Derry, en el que reconoce que, a pesar de todos los monstruos y payasos diabólicos, tendría más miedo de volver a la incomprensión de su propia casa que de entrar en la mansión…

Esta habilidad para introducir elementos de horror cotidiano entretejidos con el horror sobrenatural del relato me parece uno de los grandes aciertos de las novelas de King, y de esta adaptación en particular. Me hace recordar la película de El Exorcista, que ya en 1973 fue una de las primeras en hacerlo, combinando la historia de la posesión demoníaca de la niña con la angustia existencial del joven sacerdote Damien Karras: la enfermedad y posterior muerte de su madre y sus dudas respecto a la fe cristiana… Eran estos elementos más realistas los que amplificaban la sensación de inquietud en el espectador durante toda la película, haciendo que los elementos sobrenaturales pareciesen más reales también.




Recordaréis que una vez os expliqué que las buenas historias de fantasía conectan con nosotros porque nos enseñan cosas acerca de nosotros mismos y del Mundo que nos rodea. Esto es cierto tanto en lo referente a nuestro lado más luminoso como a los rincones más oscuros de la civilización actual… Pocos días después del estreno de It se produjo en Valencia, y además muy cerca de mi zona, en el barrio de Russafa, un suceso que puso a todos los vecinos los pelos de punta y que me llevó a hacer una serie de asociaciones mentales… Alguien encontró entre unos contenedores de la calle Cabo Jubi una maleta que contenía un torso humano, y la policía empezó a hacer averiguaciones.

La víctima era un peluquero llamado Alberto Ferrer, que había conocido a través de Internet a un tal Pierre Danilo, iniciando con él una relación sentimental. Danilo, sueco de ascendencia argentina, había pasado ya por la cárcel en su país y allí había escrito junto con otro recluso un par de novelas de género negro. Vivía en un piso de la calle Sueca (que no Suecia) número 77 y al parecer fue él quien mató, por motivos desconocidos, a Ferrer allí mismo, en su cama, descuartizándolo después en la bañera y arrastrando la maleta con su torso hasta los contenedores, un par de manzanas más allá, dejando restos de sangre que los policías pudieron seguir hasta su portal. Fue en el vestíbulo donde poco después se encontraron con Danilo que, saliendo hacia la calle y sin mediar palabra, apuñaló varias veces a uno de los inspectores que le cerraban el paso, produciéndole la muerte, tras lo cual el otro policía lo mató a él (lo de “abatir” no deja de ser un bonito eufemismo) de varios disparos para evitar correr la misma suerte.




Lo más asombroso del asunto es que el de Ferrer no es el primer cuerpo que ha aparecido a trozos por el barrio; las noticias del suceso me recordaron inmediatamente a otro descuartizamiento que hubo en verano de 1950 en el Cine Oriente, justo al otro extremo de la calle Sueca, en el número 22. En un apartamento dentro del propio cine vivían María López, que trabajaba allí como limpiadora, y su pareja Salvador Rovira, conserje del mismo. Una noche Salvador llegó al apartamento borracho y comenzó una de las frecuentes peleas que tenían ambos, durante la cual ella le dio un empujón con tan mala suerte que se golpeó en la cabeza con un hierro de la pared y murió. María, una mujer corpulenta, se llevó al muerto a la cama y durmió junto a él pensando que solo estaba inconsciente, pero a la mañana siguiente se dio cuenta de lo que había pasado, así que temiendo ser acusada de asesinato se dispuso a descuartizar el cuerpo, tardando para ello un tiempo récord de solo cinco horas.

Después de contar a todos que Salvador había tenido que coger un tren a Barcelona, María empezó a deshacerse de los pedazos. Precisamente en una acequia cerca de las vías en dirección a Cataluña, a la altura de la calle Centelles, se encontraron poco después los brazos, las piernas y los intestinos. Para despistar, había depilado las piernas y pintado las uñas de rojo, para que pareciesen de mujer, e incluso quitó algunos trozos de piel que tenían tatuajes, pero se olvidó de las huellas dactilares, que ya estaban en poder de la policía por anteriores arrestos… Lo siguiente de lo que se deshizo fue el tronco, cortado en dos partes a la altura de la cintura, dejándolo de madrugada detrás de un kiosco, cerca del cruce de las calles Sueca y Denia (prácticamente al lado del cine; no debía ser muy inteligente, la tal María). Habían pasado ya algunos días desde la muerte de Salvador y los asistentes a las sesiones de cine se quejaban del fuerte olor que había en la sala, así que la policía realizó un registro a fondo y encontraron la cabeza de Salvador, junto con las herramientas del descuartizamiento, dentro de una lata de galletas en un deslunado detrás de la pantalla.




El crimen del Cine Oriente es uno de los sucesos que más expectación ha despertado nunca entre los valencianos: más de tres mil personas intentaron asistir al juicio, quedándose muchas en las escaleras o incluso fuera del edificio. Al final María López fue condenada a seis años de cárcel por homicidio. Se escribieron un par de libros sobre el asunto, y a finales de siglo se rodó una película protagonizada por Anabel Alonso y Pepe Rubianes… He de reconocer que al leer las noticias sobre Pierre Danilo y recordar esta historia del Cine Oriente no pude evitar detenerme unos segundos a calcular si la diferencia de fechas era múltiplo de veintisiete. ¿Sería el barrio de Russafa una especie de Derry a la española? Veamos: 2017-1950=67… Pues no. Pero ya es casualidad que ambos descuartizamientos sucedieran justo en la misma calle, aunque en extremos opuestos, uno en el número 22 y otro en el 77 (Por cierto: 2 y 7 forman 27… Ahí lo dejo).

Como dice el propio Stephen King, de pequeños tememos que los monstruos y los fantasmas estén escondidos dentro de nuestro armario o debajo de nuestra cama, pero cuando crecemos dejamos de buscarlos allí… Solo al hacernos adultos comprendemos que los monstruos existen, pero no son exactamente como nos los imaginábamos. Habitan, en el mejor de los casos, en las noticias del periódico, pero también a veces alarmantemente cerca de nuestra casa, o incluso dentro de nosotros… y al contrario de lo que suele pasar en los relatos de ficción, a veces acaban ganando. Las historias de King no nos hablan solo de los monstruos; también nos hablan de la gente, de todo aquello que de bueno y malo hay en nuestro interior. Afortunadamente, hasta King deja abierto un resquicio a la esperanza y nos anima a no tener miedo, a conservar parte del idealismo de nuestra infancia e intentar luchar juntos contra los monstruos, ya vengan de dentro o de fuera. En otra ocasión, más adelante, volveremos a hablar del Miedo desde un punto de vista algo más amplio.